TIERRA

La leña de las mismas encinas que con sus bellotas y brotes alimentan a los bueyes servirá para encender el fuego en el que se asará su carne. Bajo la misma tierra en la que enraízan nuestras vides se conservan los vinos que nacerán de ellas, en una de las más de doscientas cuevas que conforman ese Jiménez de Jamuz subterráneo de bodegas y refugios secretos. La arcilla de las paredes de nuestro restaurante es la misma que los maestros alfareros, herederos del arte del barro que los mozárabes perfeccionaron en esta región, utilizan para dar forma a los platos que ya esperan a la carne sobre nuestras mesas. Arriba y abajo, en los campos y en cada rincón de nuestra cueva, todo empieza, termina y vuelve a empezar en la tierra.