FAMILIA

La historia de El Capricho arranca a comienzos del siglo XX, cuando Segundo Gordón, abuelo de José, abre en una cueva que él mismo excavó en la tierra de Jiménez de Jamuz una bodega en la que poder practicar su pasión: la elaboración de vino. En los días de verano hacía también las veces de merendero y las jarras de vino fresco llegaban escoltadas por ensaladas de la huerta, deliciosas tortillas de huevos de corral, queso y embutidos hechos en casa que lugareños y turistas disfrutaban en tardes luminosas que a menudo se alargaban hasta la madrugada. El espíritu de aquellos primeros días está grabado a fuego en las paredes de nuestra cueva, que hoy, como entonces, continúa siendo un lugar para el encuentro, la conversación y el disfrute alrededor de los mejores productos

 

José Gordón, Pedro Fuertes, José Escudero, Name Cheikh, Juan Manuel López.

Verano del 2018, ampliando nuestra finca.

NOEMÍ BUSTILLO

El Capricho es un punto de luz.
Delicado y fuerte. Poderoso.

MARCOS EIRE

Un ciclo que se cierra sobre la tierra, el buey y el hombre.

MARÍA ANUNCIACIÓN SEVILLA

Todo un arte culinario.

ISMAEL GORDÓN

Haciendo camino al andar.

ALEX TURIENZO

Un mimo, un amor por el producto único.

DIEGO NAHUEL

Un viento fuerte me trajo hasta aquí. Y la empatía con sus actos. Soy forastero con los zapatos gastados y pies que buscan raíces. Confío en mis ideas y en mis manos. Con cualquier cuchillo hago filo… y aquí estoy, sublimando la carne y su arte.

BEGOÑA HERVAS

Algo muy especial hecho desde el corazón.
Un equipo muy especial que trabaja con cariño, admiración, dedicación y respeto.

VANESSA CRESPO

Pasión, amor, producto, lealtad y sabiduría.

SILVIA ARGÜELLO

Esfuerzo, dedicación, valentía, entrega, afán. Único, invencible, auténtico, puro. El camino no es fácil.

JOSÉ ESCUDERO

Todos necesitamos sueños, pero para convertir los sueños en realidad se necesita una gran cantidad de determinación, autodisciplina y esfuerzo.

NAME CHEIKH

L’homme est le remède de l’homme.

ALBERTO CASTRILLO

Un gran proyecto donde cada pieza tiene su valor. Los tramoyistas, siempre entre bambalinas, hacen realidad un espectáculo.